lunes, 1 de julio de 2013

EL PANTEÓN

Nadie se irá de Roma, aunque la estancia sea corta, sin ver el Panteón, ubicado en la plaza de la Rotonda. Nosotros hemos llegado tras haber estado un buen rato en la plaza Navona. La vía del Salvatore nos lleva de una a otra.
Es el único templo del imperio romano que sigue en pie y conserva su estructura original. La explicación es que este templo, construido hace casi dos mil años, fue uno de los primeros que fue convertido en iglesia en el año 608 con un emperador ya cristiano.
  

Fue dedicado en sus orígenes a todos los dioses. Conserva sus principales elementos en la fachada con un pórtico de colosales columnas corintias que sujetan un frontón triangular. La enorme puerta también es la original del templo que mandó construir el emperador Adriano sobre un templo anterior y similar.


En el interior, una gran sala redonda, pasaremos casi más tiempo mirando el techo que las paredes. La cúpula semiesférica tiene una abertura de 9 metros que permite entrar la luz. Los expertos en arquitectura aseguran que el diseño de la bóveda y las soluciones para su sujeción son perfectos.


En el interior del Panteón están las tumbas del primer rey de Italia, Victor Manuel II, y la de su hijo Humberto I, que también fue rey de Italia a finales del siglo 19.




Una asociación de carácter patriótico y apolítico mantiene vivo el recuerdo de los reyes de la Casa de los Saboya. El día que estuvimos delegaciones de varias provincias prestaban servicio de guardia ante las tumbas.


 En el Panteón también está, nada más entrar a la derecha, la tumba del pintor y arquitecto renacentista Rafael.

La inscripción de la fachada recuerda al general Marco Agripa, yerno del emperador Augusto.



La plaza de la Rotonda es otro de esos lugares de Roma con vida propia durante el día y al caer la tarde. Sus terrazas están entre las más selectas.


 No nos fuimos de la plaza de la Rotonda sin... un buen helado. Esta vez entramos en una de las heladerías más famosas de Roma, con más de 150 sabores.








Por las calles del entorno de la plaza de la Rotonda, en concreto la vía del Seminario, encontraréis tiendas para turistas con sus productos a precios asequibles. Kati compró para regalar un buen lote de imanes. 






Y del Panteón nos vamos a visitar la iglesia de San Ignacio de Loyola, que está al lado siguiendo la calle del Seminario, y que tiene una "cúpula" muy curiosa.

LA CÚPULA FALSA

En la iglesía de San Ignacio, cerca del Panteón, encontramos una de las curiosidades arquitectónicas que bien vale hacer un alto en el camino. En el interior podremos contemplar una cúpula falsa.


La iglesia fue construida para dedicarsela a San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús. La falsa cúpula fue una solución sencilla y genial del arquitecto y pintor Andrea Pozzo cuando, en 1685, la familia que financiaba las obras dejó de aportar dinero. ¡Faltaba por concluir la cúpula del crucero!


Como solución temporal se decidió cubrir el espacio que debía ocupar con una techumbre plana y se le pidió a Pozzo que pintara una falsa cúpula. El resultado es asombroso.





A primera vista es inapreciable, pero si te colocas en el centro de la nave debajo de la "cúpula" y te mueves unos pasos a izquierda o derecha verás que es una pintura en un techo plano.




También son espectaculares las pinturas de la bóveda de la nave central y el fresco del ábside del altar mayor. Pozzo, haciendo uso de la perspectiva, representó a San Ignacio en medio de cielo que se abre rodeado de ángeles. Son escenas de momentos importantes en la fundación de la Compañía de Jesús, según la visión de San Ignacio.

EL MOISÉS


La vía Cavour es una amplia calle descendente que comunica la zona de la estación de Termini con la vía del Foro Imperial. Destaca por sus elegantes edificios de estilo Umbertino.

 





El Moisés será  uno de los monumentos más "escondidos". Una de las esculturas en mármol más bellas y perfectas de Miguel Angel. Está en una modesta iglesia, comparandola con otras basílicas, a la que se accede desde la calle Cavour subiendo por una escalera a través de un pasaje.

Fachada de la iglesia San Pietro in Vincoli

El Moisés fue esculpido por Miguel Angel en 1509 para decorar la futura tumba del papa Julio II en la basílica de San Pedro. Era una de las muchas estatuas (47) del conjunto diseñado. Pero, al morir el pontífice el costoso proyecto fue relegado por su sucesor y la escultura, junto a la tumba, acabó en una iglesia menor, la de San Pietro in Vincoli.

 Cuenta la leyenda que cuando Miguel Angel acabó la escultura la golpeó con un martillo en la rodilla descubierta y dijo "¿por qué no me hablas?", como muestra de que era su creación más realista. 

Miguel Angel representó a Moisés enfadado, mirando a un lado y con cuernos en la cabeza. Lleva la tablas de la ley bajo su brazo derecho.

 En la iglesia, bajo el altar, hay una reliquia: las cadenas con las que supuestamente fue encarcelado el apóstol San Pedro primero en Jerusalén y después en Roma.



La iglesia, como otras muchas, está llena de tumbas, tanto en el suelo de las naves como en las paredes. A Mauro y Manu les "gustó" una rematada por una escultura que representa la muerte, con guadaña incluida.

Tras ver el Moisés nos vamos al Coliseo y el foro romano. Estamos muy cerca, a 5 minutos andando.

EL COLISEO Y EL ARCO DE CONSTANTINO

Venimos de ver el Moisés de Miguel Angel en la iglesia San Pietro in Vincoli. Por la misma escalera por la que hemos subido a la plaza de la iglesia regresamos a la vía Cavour. Bajamos la calle en dirección a la transitada vía del Foro Imperial. Hemos decidido girar a la izquierda por la primera calle que encontramos, la vía  degli Annibaldi, mucho más despejada de gente, y al fondo ya vemos el Coliseo.   

Subiendo por la vía degli Annibaldi llegamos al Coliseo

Al igual que ocurre en el Vaticano es inevitable tener que hacer fila para entrar al Coliseo. Siempre hay gente, mucha gente, ya que es uno de los dos monumentos más visitados. Este anfiteatro, construido en la segunda mitad del siglo I durante el mandato del emperador Tito, está considerado el símbolo de la Roma Eterna, de la de época de máximo esplendor. 

A pie o en los autobuses turísticos -una buena opción para ir de un lugar a otro- llegan decenas de turistas por minuto. Es un flujo constante de vehículos y peatones por la vía del Foro Imperial. 




Por el interior del Coliseo estaréis todo el rato subiendo y bajado escaleras por las galerías, mirando el interior -el foso descubierto y las gradas- y el exterior, ya que hay unas magnificas vistas del foro imperial, la zona en la que estuvieron los principales templos, arcos del triunfo y edificios como el Senado, centro del poder del Imperio Romano.

En el Coliseo, llamado en un principio anfiteatro Flavio, cabían 50.000 personas y se celebraban todo tipo de espectáculos, desde luchas de gladiadores y recreación de batallas hasta la muerte de prisioneros. Para su inauguración se celebraron 100 días seguidos de juegos. 


No es barata la entrada (12 euros el adulto), ya que también da derecho a recorrer el foro y en la misma zona el Palatino. Es una entrada combinada.



Junto al Coliseo está el Arco de Constantino, en muy buen estado. Tiene 21 metros de altura. Se levantó en el año 315 para conmemorar la victoria de Constantino I en la batalla del Puente Milvio, que fue una lucha interna a las puertas de Roma por el control de los territorios de occidente del imperio. Constantino, que había llegado con su ejercito desde el norte, derrotó al del emperador Majencio, que no pudo defenderse en Roma y fue derrotado.


Está en la vía Triumphalis y es fácil imaginar el recorrido que hacían los emperadores y sus legiones para pasar bajo el arco y dirigirse a la izquierda por la vía Sacra, en el foro imperial, dónde están los arcos de Septimio Severo y Tito.


Podemos recorrer la vía Sacra y pisar las piedras originales. 
La Vía Sacra era hace 2.000 años el corazón de Roma, la gran calle, que comunicaba el Coliseo con la colina del Capitolio. 


tramo original de la Vía Sacra

























COLUMNA TRAJANA Y MONUMENTO A VICTOR MANUEL II


Estamos de nuevo en la Plaza Venecia, con la vía del Corso a nuestra espalda y delante del imponente monumento levantado para homenajear al primer rey de Italia, Victor Manuel II . A la izquierda está la columna de Trajano.


La zona de la columna está fuera del recinto cerrado del foro romano. Está al lado y formaba parte de las diferentes ampliaciones que ordenaron emperadores como César, Augusto, Vespasiano y el propio Trajano. Zonas divididas por la vía del Foro Imperial.   


La columna se levantó para conmemorar la victoria del emperador Trajano sobre los dacios, que habitaban en lo que ahora es el territorio de Rumanía. Tiene 30 metros y en los relieves de los bloques de marmol (18) se relatan las batallas y la conquista a principios del siglo II. En su día estos relieves estuvieron pintados. 





En el interior de la columna hay una escalera de caracol que permite subir hasta el mirador. En un principio hubo una estatua del emperador Trajano, pero a finales del siglo XVI el papa Sixto V la reemplazó por la actual, una de San Pedro.





Tras contemplar la columna trajana y los restos arqueológicos a sus pies volvemos a cruzar la Vía del Foro Imperial para dirigirnos al monumento a Victor Manuel II. Vamos a subir casi hasta arriba.

Manu y Kati cruzando la plaza Venecia



Esta mole fue construida a principios del siglo XX. La primeras escaleras nos llevan a una especie de plaza, el lugar en el que está lo que se conoce como la tumba al soldado desconocido, permanentemente custodiada y con el fuego eterno en el pebetero. 



Desde aquí hay una buena vista de la plaza Venecia, sus palacios y la vía del Corso.


Antes de entrar al interior del edificio, por las escaleras del ala derecha, se puede apreciar la estatua del rey Victor Manuel II sobre un gran pedestal.


Desde las terrazas hay vistas panorámicas de Roma, su peculiar "skyline" con las cúpulas de las iglesias, siempre con la del Vaticano dominando el horizonte.



Desde la terraza de la derecha hay esta vista de Roma, con la cúpula de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, que diseñó Miguel Angel, de 132 metros de altura.


Existe la posibilidad de subir en un ascensor a lo más alto del monumento, para ver de cerca las dos cuadrigas que rematan el edificio (con la diosa Victoria en sendos carruajes), pero hemos preferido hacer un descanso en una cafetería situada en la parte alta y posterior, que dispone de una terraza que nos ofrece bellas vistas del foro imperial, con el Coliseo al fondo.

Mercado de Trajano